Las redes invisibles que burlan la censura en Venezuela (Parte I)

Las redes invisibles que burlan la censura en Venezuela (Parte I)

La lucha por la democracia y la libertad en Venezuela se lleva a cabo simultáneamente en muchos frentes: la lucha política para alcanzar un gobierno democrático; el reclamo de reivindicaciones sociales, el esfuerzo gigantesco de las organizaciones que buscan ingresar y distribuir la ayuda humanitaria a los venezolanos más hambrientos, enfermos y necesitados; las demandas por libertad para los presos políticos y de justicia para los torturados y asesinados por el régimen.

También está la lucha por la libertad de expresión y de información. Desde hace muchos años, muchos medios de comunicación tradicionales (prensa escrita, emisoras de radio y canales de TV) han sido sistemáticamente comprados, demandados, clausurados o acosados por la dictadura con la finalidad de acallar voces disidentes y alcanzar la hegemonía comunicacional que posee en la actualidad. Debido a esto, internet es el único medio a través del cual los venezolanos pueden conocer lo que está ocurriendo en el país, de forma más o menos instantánea.

Pero conseguir información por internet en Venezuela no es tan sencillo. La infraestructura comunicacional no ha sido actualizada en años. Los pocos proveedores de internet móvil ofrecen bajísimas velocidades de conexión y paquetes de datos muy limitados y costosos, que impide a la mayoría de los venezolanos consumir información online con la misma facilidad que se consume en cualquier otro país latinoamericano. El internet doméstico de mayor velocidad es ofrecido por una empresa bajo control del Estado y bloquea de forma sistemática los principales servicios de streaming (YouTube, Periscope, Instagram Live, entre otras redes sociales) cada vez que el presidente encargado Juan Guaidó se presta a transmitir cualquier rueda de prensa por internet. Y también hay portales y blogs censurados por la dictadura, situación que impide a muchos usuarios leer artículos de gran relevancia escritos por periodistas, investigadores y organizaciones que abordan las múltiples caras de la crisis venezolana.

Adicionalmente, la dictadura impulsa de forma sistemática diariamente trending topics, que buscan generar en Twitter la impresión de aceptación generalizada a la dictadura, estabilidad social, económica y política en el país o condena general de la población a factores de la oposición política venezolana. Se ha denunciado tanto la existencia de redes de colaboradores voluntarios como de redes de trolls, inspiradas y asesoradas por países aliados a la dictadura, que se encargan de difundir noticias falsas, distractoras, medias verdades o de impulsar matrices de opinión que generan división en la oposición política.

Ruido virtual, para tapar las verdades que deben ser escuchadas.

Pero en paralelo a este gran marco de desinformación, censura y control establecido por la dictadura para mantener informativamente a oscuras al país, la población venezolana se organiza de forma espontánea, tanto en el campo físico como en el virtual y crea redes invisibles para burlar la censura y conectar a miles de usuarios en tiempo real con la información que se transmite a cada instante en redes.

La historia de una red de difusión de noticias por WhatsApp

Mi madre vive en un pequeño pueblo del estado Bolívar, una provincia selvática al sur de Venezuela donde hay grandes reservas forestales y explotación de recursos naturales como oro, hierro, coltán y diamantes. Vive, de hecho, muy cerca de la zona con mayor cantidad de minas de oro en el país. Tiene internet en su pequeño negocio familiar, pero su velocidad de conexión le impide acceder a las noticias publicadas por portales online, o a programas o podcasts publicados a diario en YouTube, con la misma facilidad que tienen millones de venezolanos que forman parte de la diáspora.

En diciembre de 2018 tuvo la oportunidad de visitarme en Santiago de Chile y se sorprendió de la facilidad para obtener información sobre lo que ocurre en Venezuela, a pesar de estar tan lejos de mi país. La velocidad de conexión importa y mucho. Pero también la antigüedad de los equipos (celulares, laptops o tablets): el teléfono celular de mi madre no era de última generación, al igual que los de tantos venezolanos, la mayoría de los cuales luchan por conseguir el dinero suficiente para comprar comida. Actualizar sus equipos electrónicos, definitivamente no es prioridad en este momento. Los programas de YouTube los solíamos ver en el TV de la sala de mi departamento en Chile, con comodidad y sin ningún tipo de lag ni precarga de video, algo que en Venezuela es, en este momento, un lujo.

A su vuelta a Venezuela, mi madre decidió asistir a un cabildo, una reunión política con un nombre prestado de las reuniones pre-independentistas que se llevaban a cabo en la época de la colonia en Venezuela. Estos cabildos solían realizarse en el país y fueron impulsados por el actual presidente encargado, Juan Guaidó, como método de articulación y organización de la población, antes de su polémica toma de posesión el 23 de enero de 2019. El cabildo al que asistió mi madre era uno de los primeros que se hicieron en su pueblo. Allí, la gente apenas se comenzaba a organizar:

«El problema es que en este pueblo –dijo alguien– nadie sabe lo que realmente ocurre en el resto del país, ni tampoco en el estado Bolívar».

Los portales de noticia existen y son muchos (y buenos), pero pocos diferencian los medios prestigiosos y de credibilidad de los medios amateur. El Twitter existe, pero lo cierto es que en el pueblo, pocos saben usarlo. Todos guardan sus megas como pepitas de oro digitales: «por si acaso».

«Hay que tener megas para cualquier emergencia, no se pueden malgastar los datos móviles». Los guardan para comunicarse con sus hijos en el exterior. Tienen un argumento que se repite en muchas otras poblaciones del mundo: «¿por qué perder el tiempo en noticias que no sabemos si son falsas o ciertas?». Pero, a pesar de vivir bajo sombras informativas, quienes viven en este pueblito, como muchas otras personas que viven tanto en los sectores más poblados como en la Venezuela profunda, minera y rural, se sienten como peces en el agua utilizando WhatsApp.

En el cabildo, mi madre propuso crear un grupo de WhatsApp, que sería administrado por mí y algunos de sus familiares y amigos que siempre estamos hiper-conectados a internet en Santiago (Chile). En dicho grupo, se realizaría curaduría de noticias: el objetivo era compartir información verificada, siempre proveniente de fuentes confiables, para mantener informados a quienes estuvieran interesados. Y así, de forma espontánea, se creó un pequeño grupo de WhatsApp para ayudar a mantener informada a la comunidad.

Desde el inicio, se plantearon las siguientes reglas:

  • Solamente los administradores del grupo comparten la información: no hay acceso a escritura por el resto de los integrantes, para evitar spam (una idea inspirada en los canales de difusión en Telegram)
  • Solamente se comparte información relevante: no es necesario sobrecargar a los usuarios de información
  • Siempre se comparte el enlace de la fuente al final de cada noticia enviada
  • Si el artículo es muy relevante o ha sido publicado en algún portal bloqueado en los proveedores de internet de la dictadura, copiar título, texto íntegro y link al artículo, ya que los usuarios no van a poder leer el artículo si usan ese proveedor de internet
  • Evitar compartir fotos y videos: hay que cuidar los paquetes de datos de los usuarios.

No pasó mucho tiempo para que el primer grupo se llenara. Los usuarios, al reenviar los artículos a sus familiares y conocidos, también difundían invitaciones al grupo de WhatsApp y poco a poco, los interesados en unirse a la creciente comunidad, fueron llenando al primer grupo. Y al segundo, y al tercer grupo. Y luego apareció Leopoldo López.

Tratando de saciar la sed de información

La madrugada del 30 de abril de 2019 desperté en la habitación de mi apartamento en Santiago y, aún a oscuras, alcancé mi equipo celular. Acto seguido, abrí Twitter y encontré una foto inédita del preso político más famoso de la dictadura para ese momento, Leopoldo López, fundador del partido Voluntad Popular, junto al Presidente Encargado Juan Guaidó, frente a una instalación militar en Caracas. Leopoldo no estaba preso. Juan Guaidó aparentemente lo había liberado.

Violamos la regla #5: enviamos la foto. Y luego de eso, links a todas las declaraciones en video realizadas tanto por Juan Guaidó como por Leopoldo López.

En pocas horas, creamos y llenamos 2 nuevos grupos de 257 usuarios. Recuerdo que me sorprendió el interés de nuestros nuevos usuarios en saber lo que estaba sucediendo: las personas necesitaban estar informadas en tiempo real y estoy seguro de que muchos de los usuarios de nuestra red no sabían cómo buscar y usar eficazmente Twitter, la red social de la que estábamos extrayendo la mayor parte de la información en ese momento. Dependieron de nuestra red de grupos en WhatsApp para averiguar qué estaba sucediendo en ese momento.

Al igual que nuestra red, en Venezuela existen miles de grupos con objetivos similares, compartiendo información en WhatsApp para burlar la censura y la desinformación. Muchas redes familiares y de trabajo en WhatsApp son el método por excelencia para mantener informado al venezolano, adentro y afuera del país. Vale la pena acotar que muchos de los más de 4 millones de venezolanos que forman parte de la diáspora, difunden información sobre toda la gama de temas relacionados con la lucha por la democracia en Venezuela a través de grupos de WhatsApp y también otras redes sociales como Instagram, Facebook y Twitter. De esa forma se logra burlar cualquier intento de censura internet que la dictadura ose ejecutar.

Pero adicionalmente a estos grupos privados, existen grupos más organizados y numerosos, que difunden de forma sistemática información de interés y viralizan contenido relevante.

En ciudades con escasez de gasolina, un problema que ha sido común desde principios de 2019, se han abierto grupos donde los usuarios indican cuáles son las estaciones de servicio con disponibilidad de combustible. Existen redes exclusivas de intercambio de información para pequeños pueblos, donde solamente se comparte información local. Diarios impresos y medios digitales también han creado sus redes de grupos de WhatsApp, inyectando sus reportajes, archivos de audio y boletines directamente al WhatsApp, donde rápidamente son viralizados.

Nuestra red creció hasta que, por detalles técnicos, tuvo que mutar y replicarse fuera de WhatsApp: en el servicio de mensajería Telegram. Allí, conocimos un mundo aún más amplio y organizado de redes invisibles burlando la censura en Venezuela que describiremos más adelante en otro artículo.

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Autor

Adrián González

Infociudadano de Venezuela. Escribo sobre medios alternativos y libertad en la web. Ingeniero guayanés (ULA).

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