Posverdad ¿el nuevo nombre para la mentira?

Posverdad ¿el nuevo nombre para la mentira?

Cuando hacemos una revisión histórica del mundo político, nos conseguimos que mentir en este ámbito no es nada nuevo. De hecho, pareciera ser casi una característica o casi un requisito asociado indefectiblemente con el mundo político.

Imagen tomada de http://www.jrmora.com

Hannah Arendt escribe al respecto en su ensayo Verdad y Política (1964), allí señala que la historia del conflicto entre la verdad y la política es antigua y compleja, y explica que siempre que una verdad perjudique a un grupo o persona poderosa, se buscará desestimarla y, si es posible, desaparecerla. En este ensayo, Arendt se pasea por Platón, Hobbes y Kant, entre otros, lo cual nos da una idea desde hace cuánto tiempo se maneja este tema en el mundo.

Al oír el término «posverdad» es automático pensar en el posmodernismo y, de este último, varias cosas llaman nuestra atención y nos llevan a entender la aparición de esta situación llamada posverdad.

En el posmodernismo comienza el fin de los meta-relatos y aparece la narración de hechos no del todo certeros. Sobre esto se puede leer más en el libro «El crimen perfecto» de Jean Baudrillard, en el cual se refiere al asesinato de la realidad y la simulación de los hechos, que no es lo mismo que disimularlos, ya que este último te permite desdibujar un hecho existente, en cambio, la simulación crea uno que no ha sucedido.

El otro tema de gran impacto, sobre todo para el tema de la posverdad, es sobre los medios de comunicación de masas y es aquí donde pudiera llegar a estar la diferencia entre las mentiras de antes y la posverdad: los hechos llegan a su receptor a través de un tercero, pocas veces -o casi nunca- el receptor es testigo de los mismos; lo que no está en los medios no existe y, adicionalmente, se empieza a dar más valor a la forma del mensaje que a su contenido ¿no es acaso el ambiente perfecto para dar paso a lo que sucede actualmente?

El postmodernismo es un proceso de fragmentación o desintegración.

«La concepción de la posmodernidad acentúa los procesos de desintegración, en el rechazo del racionalismo de la modernidad a favor del fragmento, de lo dispar, de la doble codificación».

Gabriella Bianco, Dra. en Filosofía Política y Educación.

Tomando en cuenta los puntos anteriores, podríamos decir que «de aquellos polvos vienen estos lodos». Estos tres elementos son la base fundamental para lo que hoy llamamos posverdad, es más pareciera que se fue construyendo intencionalmente para llegar a donde hoy estamos.

Uno de los elementos de gran importancia para la existencia de la posverdad son los nuevos medios digitales de comunicación (redes sociales), en donde no es necesario elaborar mucho el contenido, se puede «vender» como cierto algo que es absolutamente irreal, las personas lo reciben y no es necesario citar su fuente con lo cual no existe ni siquiera la responsabilidad de quien genera el contenido; cosas que sí suceden con los medios de comunicación tradicionales.

Lo importante en las redes sociales es la inmediatez y el impacto de cómo llega el mensaje, qué emociones te genera, no su veracidad.

Otro acompañante perfecto de esta situación es que, durante los años anteriores, se ha buscado fragmentar todo y -lo más importante- se ha logrado fragmentar el pensamiento con lo cual la mayoría de los receptores no ven los mensajes en el contexto sino de manera aislada, esto permite no ver la totalidad de las cosas y de esa manera disminuir la capacidad de crítica de los hechos, ya que al no tener información ni formación global es más sencillo no dudar de lo que se recibe, consumirlo como cierto y además ayudar a su difusión.

Las palabras son tan importantes que construyen realidades.

¿Bautizar a la mentira con el nombre de posverdad no será una herramienta de los mismos constructores de la mentira? Tienen años siendo cada vez más expertos en la construcción de «verdades paralelas», son ellos quienes dominan los grandes medios de comunicación. Al llamar posverdad a la mentira ¿no la estamos suavizando? ¿No estamos acaso ayudando a facilitar su consumo sin que sean juzgadas por las pocas personas que aún lo hacen? Y lograr así, que se terminen convirtiendo en verdades absolutas. ¿Les vamos a hacer el juego? ¿Y si empezamos a llamarla por su nombre: la ANTIVERDAD?

Natalia Ríos

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