Venezuela: entre la noticia y la desinformación

Venezuela: entre la noticia y la desinformación

Desde que el fallecido Hugo Chávez comenzó su campaña para la presidencia de Venezuela, trajo al tapete términos como contrainformación y desinformación que, si bien podían estar en la noción del colectivo, no eran prácticas fácilmente identificables para los usuarios comunes.

Así, pocos años después de haber llegado al poder, Chávez comenzó su arremetida contra los medios de comunicación y periodistas acusándolos -cuando menos- de palangristas y colaboracionistas (con el imperio norteamericano); mientras que los organismos y medios del Estado asumían prácticas de contrainformación a la par de crear los llamados medios comunitarios, precisamente para este fin.

CONTRAINFORMACIÓN. Información transmitida por grupos independientes no vinculados, en principio, a un poder político o económico ofreciendo información independiente acerca de los problemas del mundo, en contraposición a los medios de comunicación creados bajo grupos empresariales. (*)

Pero el tiro le salió por la culata. Así, los medios del Estado y los medios comunitarios pasaron de ser medios de contrainformación a ser medios de desinformación, empeorando el panorama comunicacional de Venezuela y poniendo en tela de juicio el ejercicio de la libertad de expresión e información. Hasta aquí todo parece un bonito trabalenguas para atacar al gobierno venezolano… ¿y si no es así? ¿Y si en la guerra de la información hay más de dos caras de la moneda? ¿Qué tal si te digo que todos, en alguna medida, hemos sido parte de la desinformación y la contrainformación? Revisemos esos conceptos desde lo más básico.

Quien tiene la información, tiene el poder.

Thomas Hobbes

Primero, diferenciemos la información de la noticia.

NOTICIA. Del lat. notitia. 1. f. Información sobre algo que se considera interesante divulgar. 2. f. Hecho divulgado. (**)

Así, para que algo sea noticia debe ser novedoso y lo suficientemente importante como para ser divulgado. Claro, estos conceptos vienen de una época en la que hacer pública una noticia se traducía en una importante inversión de capital económico y humano, que hacía posible el acceso a los llamados «medios de comunicación tradicionales» (radio, cine, televisión y prensa). Hoy las cosas cambian un poco, pero eso lo hablaremos más adelante.

Respecto a la información, el asunto es un poco más libre.

INFORMACIÓN. Del lat. informatio, –ōnis ‘concepto’, ‘explicación de una palabra’. 1. f. Acción y efecto de informar- (…) 5. f. Comunicación o adquisición de conocimientos que permiten ampliar o precisar los que se poseen sobre una materia determinada. (**)

En El medio eres tú no hacemos noticias, compartimos información y opinión para construir análisis crítico.

Para nuestros efectos periodísticos (en los que incluyo al periodismo ciudadano), vamos a llevar a la práctica esas acepciones. Entonces, desde estos sencillos conceptos podemos notar que no todo lo que publican los medios es noticia, muchas veces ni siquiera es información. Los nuevos medios o las Nuevas Tecnologías de Información y comunicación (medios digitales, medios sociales, servicios de mensajería instantánea y afines) han cambiado la dinámica y abaratado los costos de «publicar una noticia» sustituyéndolos por una frenética acumulación de clicks, likes o contenidos compartidos.

Receta para el desastre

Ingredientes:

  • Medios de comunicación tradicionales (privados) respondiendo a sus líneas editoriales e informando lo que pasa en el país desde esa perspectiva (cualquiera que fuera) y dejando de informar lo que no se ajusta a ella.
  • Organismos del Estado, medios públicos y comunitarios diciendo lo que no dicen los medios privados, negando lo que los medios privados sí dicen y calificándolos de mentirosos, por decir lo menos.
  • Un Presidente que salta el protocolo de su investidura y propicia dimes y diretes mediáticos con otros políticos, con periodistas y medios de comunicación de Venezuela y del exterior.
  • Una Ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y (más recientemente) de Medios Electrónicos aprobada por un parlamento mayoritariamente afecto al Gobierno y a sus intereses comunicacionales, sin reglamento y con suficientes ambigüedades como para poner en riesgo la libertad de expresión y el derecho a la información en Venezuela.
  • Un ciudadano sediento de información y decepcionado de la política.

Procedimiento:

A esto, sólo le agregas un hecho coyuntural como las protestas del 11 de abril, la muerte de Chávez o las protestas del 2014 y subsiguientes y… ¡Listo! ¡Se armó el pandemónium! Sin hablar de eventos como la reciente visita de Michelle Bachelet y los millones de noticias con fotos de: así llegó a la AN, así salió de la AN, así llego a las UNIMET, etc.; que agotan al lector y, sobre todo, socavan su credibilidad en los emisores de la información que consume.

Nos ahogamos todos en un mar de informaciones falsas, cadenas fatalistas o triunfalistas contra algún político, noticias basadas en un tuit que no tienen nada de novedoso y los únicos resultados posibles son: un ciudadano frustrado y decepcionado que cada vez cree menos en la información que recibe o, peor aún, un ciudadano neurótico y conspiranóico que no quiere ni encender un bombillo (ahorrador) por miedo a que Diosdado lo espíe desde ahí.

He allí la prueba de la desinformación.

DESINFORMACIÓN. 1. f. Acción y efecto de desinformar. (**)
DESINFORMAR. 1. tr. Dar información intencionadamente manipulada al servicio de ciertos fines. 2. tr. Dar información insuficiente u omitirla. (**)

Entonces, como «sabemos» que los medios y los políticos mienten, somos presa fáciles de los fake news y afines. Así, seguramente tú mismo has compartido algo que te llegó por WhatsApp «porque uno nunca sabe» o te has querido librar de responsabilidad con un «copio y pego como lo recibo» con la mejor de las intenciones pero con el peor de los efectos: más desinformación. Y, como dicen por ahí, el camino al infierno está lleno de buenas intenciones.

La industria de «las relaciones públicas» consistía en controlar la opinión pública.

Noam Chomsky

¿Por qué? Porque, estemos claros en que esos fake news los ponen a rodar dos tipos de personas: los que trabajan para alguien a quien le interesa controlar o influir en la opinión pública y los ociosos que creen que es un chiste poner a rodar una cadena sobre un atentado contra Diosdado, por ejemplo. Los primeros son peligrosos si no reconocemos sus prácticas, los segundos… Bueno, mejor los ignoramos.

El punto es que con la «fábrica del rumor» controlan la opinión pública y una buena ilustración de esta práctica es que desde enero han estado diciendo que se deben comprar enlatados y agua mineral porque ahora sí se va desatar la crisis y seguimos aquí, en más o menos la misma historia. Lo que sí es cierto es que un ciudadano con miedo (porque la falta de información certera genera inseguridad y falta de control) que, además, debe trajinar día tras día para hacerse del dinero mínimo para cubrir la canasta alimentaria, para luego hacer un via crucis y colas para encontrar los insumos que la componen, medicamentos –si es que puede acceder económicamente a ellos-, combustible y servicios públicos básicos como el gas doméstico y el agua, más ingeniárselas para que los cortes de luz no le dañen los electrodomésticos o la comida en la nevera, sin contar con las responsabilidades habituales del trabajo y la familia; es un ciudadano políticamente inerte.

Ese ciudadano está atrapado en un huracán producido por la crisis y la desinformación es lo que lo mantiene allí. Al político venezolano, menos que a nadie, le conviene un elector formado e informado, políticamente activo. Esta fórmula garantiza la perpetuidad del «pueblo», esa masa amorfa y reaccionaria que va para donde la manden, que vota con las vísceras -si es que vota- y que no entiende la política como un hecho racional sino como el espectáculo de moda. Así, amigos, es cómo se controla a la opinión pública.

(*) Fuente: Wikipedia
(**) Fuente: RAE

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